Una de las causas más frecuentes de indemnizaciones por negligencias médicas son las derivadas de la falta de consentimiento informado del paciente.

El consentimiento informado es la manifestación de conformidad, libre y voluntaria, que otorga el paciente en pleno uso de sus facultades de someterse a una actuación médica tras recibir la información adecuada.

La regla general es que puede recabarse el consentimiento verbalmente por los profesionales sanitarios en actuaciones de escasa entidad.

En cambio, el consentimiento deberá ser por escrito en los casos de intervenciones quirúrgicas, pruebas diagnósticas, tratamientos terapéuticos invasores y en cualquier otra actuación médica que conlleve un riesgo previsible, o pueda provocar efectos y repercusiones negativas en la salud del paciente.

La información recibida por el paciente deberá incluir en estos casos:

  • Consecuencias seguras de la intervención.
  • Riesgos típicos de la intervención: aquellos cuya producción deba normalmente esperarse, según el estado y conocimiento actual de la ciencia, y aquellos que por su gravedad, no por su frecuencia, pudieran aparecer.
  • Riesgos personalizados: aquellos que se derivan de las condiciones peculiares de la patología o estado físico del paciente, así como de las circunstancias personales o profesionales relevantes.
  • Contraindicaciones.
  • Disponibilidad explícita a ampliar toda la información si el paciente lo desea.
  • Alternativas terapéuicas y sus ventajas e inconvenientes.

La administración y los profesionales médicos en la actualidad cuentan con modelos para documentar que se ha facilitado al paciente la información necesaria previa a su sometimiento a un procedimiento diagnostico o terapéutico.

Son numerosas la sentencias que se refieren a la obligación de recabar el consentimiento por escrito en estos supuestos de mayor entidad.

La Sentencia de 5 de junio de 2019, dictada  en el recurso de apelación 202/2019,  por el TSJ Castilla la Mancha dice:

” ………..La posible información verbal del cirujano carece de cualquier otra prueba que sus propias manifestaciones; no viene admitido por las normas reguladoras del consentimiento informado; y su relevancia es menor en relación con lo dicho más arriba sobre el informe del cirujano y el contenido del modelo de consentimiento informado. Falta de consentimiento informado, que como se dice en la Sentencia de esta Sala (Secc.1ª) de 12 de marzo de 2018″supone una vulneración del artículo 8 de la Ley 41/2002, de 14 de noviembre básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, que exige que el consentimiento se prestara por escrito, entre otros casos, en las intervenciones quirúrgicas, y, como ha entendido el Tribunal Constitucional en Sentencia de 28 de marzo de 2011: “(…) el consentimiento del paciente a cualquier intervención sobre su persona es algo inherente, entre otros, a su derecho fundamental a la integridad física, a la facultad que éste supone de impedir toda intervención no consentida sobre el propio cuerpo, que no puede verse limitada de manera injustificada como consecuencia de una situación de enfermedad. Se trata de una facultad de autodeterminación que legitima al paciente, en uso de su autonomía de la voluntad para decidir libremente sobre las medidas terapéuticas y tratamientos que puedan afectar a su integridad, escogiendo entre las distintas posibilidades, consintiendo su práctica o rechazándolas. Esta es precisamente la manifestación más importante de los derechos fundamentales que pueden resultar afectados por una intervención médica: la de decidir libremente entre consentir el tratamiento o rehusarlo, posibilidad que ha sido admitida por el TEDH, aun cuando pudiera conducir a un resultado fatal…”.

Si bien hemos de señalar que existe jurisprudencia que, pese a la previsión legal de que se debe recabar el consentimiento del paciente por escrito en intervenciones que conlleven riesgos, considera válido el prestado verbalmente bajo determinadas circunstancias.

El Tribunal Supremo ha valorado como suficiente la información verbal siempre que aparezca acreditado que se transmitió de forma completa y comprensible al paciente (Sentencia 29 de junio de 2010 (recurso de casación nº 7387 / 2005). Se convierte en estos supuestos en una cuestión de prueba para los abogados de las partes el intentar acreditar en juicio el verdadero contenido de la información facilitada al paciente. Del mismo modo deberá probarse si esta fue suficiente, de acuerdo al artículo 8 y ss. de la Ley 41/2002 básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.

La omisión de aspectos relevantes supone una vulneración del derecho del paciente a otorgar su consentimiento a la actuación médica debidamente informado. Precisamente porque el conocimiento de todos los riesgos, viabilidad y las ventajas y desventajas frente a otros tratamientos, es lo que puede llevarle a decidir optar por un tratamiento u otro, o incluso rechazar una determinada intervención, tal y como señala en su fundamentación la sentencia 667/2002 del Tribunal Supremo, de fecha 02/07/2002.

La vulneración del derecho del paciente al consentimiento informado para que sea indemnizable no requiere en determinados supuestos que vaya acompañado de otra infracción adicional de la lex artis.

No es necesario que la infracción del deber médico de informar debidamente sea la causa del resultado lesivo sufrido por el paciente, sino que es indemnizable en muchos supuestos por sí misma por el daño moral que supone.

Especialmente en los supuestos de medicina voluntaria (no curativa), como podrían ser muchas de las intervenciones de cirugía estética, por ejemplo, que pese a seguir siendo una obligación de medios, se aproximan más en algunos aspectos al contrato de obra y su régimen de responsabilidad. Si bien esta materia la trataremos en nuestro siguiente post.

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Princess Mary, Nurse 1922 – illustration portrait by Matania. Vintage 1920s magazine illustration in The Sphere. Marriage number honoring the wedding of Princess Mary & Viscount Lascelles.

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